TESTIMONIO: Evelyn y su hijo Bruno

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Mi nombre es Evelyn Aravena, y ésta es la historia de mi hijo Bruno.

Bruno nació un 15 de septiembre del año 2008. Llegó a acompañar a su hermanita Ambar y a iluminar mi vida. Todo iba bien con su desarrollo, hasta que a los 7 meses de vida una meningitis bacteriana grave, un infarto cerebral y una inmunodeficiencia lo dejan en coma por 2 semanas. Los doctores nos preparan para lo peor y nos informan que Bruno no sobreviviría… Contra todo pronóstico él despierta, pero la vida se había llevado a nuestro hijo, dejándonos un niño completamente diferente.

Las primeras crisis se presentan al año de vida en forma de espasmos. Las crisis eran largas, llegando a durar cerca de 20 minutos cada una y se le diagnostica Síndrome de West. Hicimos todo lo que los médicos nos dijeron pero un año después su epilepsia empeora, las crisis aumentan a cerca de 60 diarias y el diagnóstico cambia a Lennox Gastaut.

Le damos cuanto fármaco nos ofrecen, le hacemos 2 veces el tratamiento con ACTH y nunca nada funcionó. Se nos plantea realizarle una callosotomía paliativa, la cual en un principio consideramos, pero al final descartamos ya que no ofrecía nada seguro. Bruno comienza a dormir poco, a gritar en las noches, a golpearse y golpear a cualquiera que esté cerca de él. Su vida comienza a apagarse y con él también comienzo a apagarme. Si él no dormía yo tampoco lo hacía, y cuando conseguía dormir custodiaba su sueño, contaba sus respiraciones y le preguntaba a la vida si le dejaría ver el sol junto a nosotros.

Fueron largos 4 años de desgaste, de sufrimientos, de buscar culpables, de preguntarse qué habíamos hecho mal, 4 años de mucha tristeza, de pensar en el sufrimiento de mi hijo y no encontrarle sentido a la vida. Brunito había perdido su sonrisa, las pocas veces que estaba conectado nos miraba y en sus ojos veía su sufrimiento.

La desesperación me lleva a investigar, y llego a Mamá Cultiva con la esperanza de darle una mejor calidad de vida a mi hijo. Comenzamos a cultivar con cero conocimientos de la planta, al principio con la ayuda de unos amigos, y luego ya solos.

Lo primero que le devolvió el cannabis a mi hijo fue su sonrisa. Bruno comienza a estar más conectado, de dormir casi nada pasa a despertar una vez en la noche en días muy malos, a disminuir de 60 a 15 sus crisis diarias. Comienza a balbucear y a decir “Mamá” por primera vez, a controlar sus movimientos, a ser consciente de su entorno y a darnos esperanza. Dejamos los miedos y los prejuicios a un lado y dijimos “Éste es el camino”. Nunca imaginé que lo que de la tierra nace libre le daría las alas a mi hijo, le devolvería tantas cosas y nos daría tantas satisfacciones.

El destino me quitó a mi hijo a los 7 meses de vida, pero el Cannabis me regaló 5 años después un niño maravilloso, un luchador, un niño que al despertar lo primero que hace es sonreír, besarme y llamarme por mi apodo: Mamá…

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